lunes, 5 de marzo de 2012

La carta*

Son las 04:56. Lucas viene caminando en silencio, y empieza a dibujar una serie de palabras en su mente. Hace rato que le viene dando vueltas a la idea de escribirle. No sabe como, no sabe por que, pero cree que es importante. Al llegar a la casa, toma una hoja de papel, y busca una lapicera. "Justo la que no escribe...", piensa y se queja. Busca otra y empieza.
Querida princesa: Llegan estas fechas y me doy cuenta de que en este año han cambiado muchas cosas. Vos ahora estarás en algún lugar dando vueltas, yo estoy dando vueltas pero a mis ideas. Los tiempos han cambiado, pero las cosas no cambiaron tanto... O quizá si, quizá han cambiado y mucho...
Lucas frena. Mira el techo y se sirve un vaso. Tacha todo lo que escribió y decide recomenzar de otra forma.
Princesa: No sé la verdad como decirte esto. Últimamente no sé qué carajo estoy haciendo o qué carajo estas haciendo. Se supone que somos amigos, y eso está todo bárbaro. Pero es increíble como, cuando aparecés, devastás absolutamente todo. No sé si serás feliz, no sé si seré feliz...
Otra vez, tira toda la idea. "Así no, así no...". Lucas ensaya una vez más toda la historia, pero desde su propia perspectiva, desde sus propias ideas, desde sus propias vivencias. Cierra los ojos y se deja llevar por las imágenes.
Princesa: Tengo que serte honesto, no sé cómo irá esto, pero tengo que hacerlo. Sos más hermosa de lo que jamás te he dicho, y estoy cada vez más estúpidamente enamorado de vos. Siempre reniego de estas cosas, siempre reniego de las mujeres y...
Lucas detiene todo. Mira casi preocupado lo que acaba de escribir. Hasta podríamos decir que se enojó con lo que escribió. "Vamos de vuelta..."
Estimada princesa: Ya ni sé por qué te escribo... Tengo que reconocerte que me ganaste. Siempre me ganás, es increíble. Cuando me buscás tenes, inconscientemente, la facultad de tirar todas las situaciones a tu favor. Cuando te busco yo, increíblemente haces lo mismo. Se que te das cuenta que no puedo actuar agresivamente contra vos, no puedo agredirte o molestarte, soy increíblemente estúpido cuando quiero. Como en tu ciudad, te acordás? Esa tarde en la plaza, con ese precioso cielo celeste, la gente iba y venia, y nosotros éramos dos en la ciudad... Joder, siempre sos tan inoportuna... Igual que esa sonrisa que tenes... Es maravillosa... Y la verdad, yo tendría que dejarte ir, y que hagas lo que quieras.
"Pero lo hago", piensa Lucas. "La dejo que haga lo que quiera...". Lucas piensa que, quizá, no tendría que intentar seguir. Pero por otro lado, decide continuar. Se frota los ojos, el sueño ya está llegando...
Flaca, no te entiendo, no sé si me entendés y no se ya más absolutamente nada. No se si te ves con alguien, y la verdad no me importa si te ves con veinte tipos y te haces tiempo para todos. En realidad, no quiero enterarme, tengo que serte sincero, la nobleza obliga. No quiero, porque todo eso me destruiría...
"Al carajo..." se dice Lucas. Ha llegado a un momento terrible. Ya no sabe si es su corazón o su cerebro, o una perfecta comunión entre los dos la que está escribiendo.
Princesa: No sé que quiero, y mucho menos se lo que no quiero, y encima tampoco sé que queres. Todos me lo dijeron, "ella quiere todo, menos a vos..." y quizá tienen razón. Pero no lo sé... Sos increíble... La verdad, eso de que ya somos como "de la familia", por Dios... Que se yo, cuando me pongo a pensarlo me digo "El pelotudo acá soy yo...", y, francamente, querida, a esta altura, tus cosas me deberían importar un carajo... Pero no es fácil, no es fácil hacerle frente a las ideas, a los sentimientos, a las emociones... Y tampoco es algo bueno...
"Que lo parió, ¡cuando quiero puedo escribir cada cosa!" se dice Lucas... Y hace un bollo el papel, y lo descarta... Otra vez cierra los ojos, y con las manos atrás de la cabeza, en silencio, ensaya una última frase...
Querida princesa, aunque no lo creas, alguna vez pensé escribirte una carta...


*(Basado en "Cartas a Paris", de C.A.S.)

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