martes, 13 de marzo de 2012

La cosa esta muy mala

Conclusión tras unos 8 meses de no pegar una. Ningún dios me pateaba un centro y ya me había cansado de dármelas de optimista. A fin de cuentas, hasta un buen corazón puede perder la calma.
A nivel económico la cosa estaba embarrada. Realmente mal. Encima yo no tenía una mujer que me escribiera, ni me iba bien en la carrera y los tiempos me ahorcaban. Resolví tomarme una semana desde “el otro lado del mostrador”, para ver qué pasaba.
Tampoco es que el mundo estaba tan bien. Tampoco es que yo fuera tan indispensable. Tampoco es que las cosas salieran siempre como yo quería. Tampoco es que la vida fuera tan simple.
A veces es cuestión de andar, pero como dije, hasta un buen corazón puede perder la calma. Uno va haciendo camino y cuando agarra un bajón las cosas se tambalean, y, muchas veces, se caen. El mundo me parecía un absurdo, y la gente me parecía poco cuerda. De todos, el más loco era yo, siempre me pareció así.
La vida es jodida, cambiante, y muchas veces no podemos conseguir lo que queremos. Todo es relativo, frágil y potencialmente peligroso.
Tras unos días de andar planteando mi teoría sobre la suerte y la mala suerte y los esfuerzos y cómo-a-veces-parece-que-se-te-está-matando-de-risa-el-barbudo, me senté a ver el cielo de noche.
En lugar de buscar mi cruz del sur, me puse a mirar por mirar. Seguramente también lo han hecho ustedes, sentarse a mirar por mirar sin buscar nada. En la negrura, aparecieron esas estrellas que apenas brillan. Así, de este lado del mostrador, las puedo entender, y hasta las acompaño.

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