jueves, 1 de marzo de 2012

Mates con Buda

-Abandoná los pensamientos. Abandoná todo, morí. Estudiarse a sí mismo es olvidarse de sí mismo. Olvidarse de si mismo es ordenarse, dejar que cada cosa ocupe su verdadero lugar, sin categorías.
Escucho a Buda hablarme, vestido de un sobrio color naranja, sentado en plena vereda. Tiene una barba de hace días, y se lo nota un poco cansado. Tomo el mate y se lo devuelvo.
-Yo funciono racionalmente-le explico.-Siento que, quizá, el carácter no es algo que se pueda transformar.
-¡Está bien! ¿Cuál es el problema?
Lo miré, sorprendido.
-Veo mi vida y creo que a veces faltan cosas esenciales.
Me miró fijo, como estudiándome.
-Vos sos músico, ¿no?
-Si.
-Y escribís también, ¿no?
-Si.
-La razón es tan esencial como la intuición… En el instante de la creación, van juntos. ¿Nunca lo notaste? 
-Ahora que lo dice…
-Y esa unión es la que da lugar a uno… Vos tenés que ir más allá… Uno y dos…
-¿Uno y dos?-dije, mirando como le entraba a un pedazo de pan casero.
-El problema de la razón es el límite.
-A veces, los limites son necesarios-le dije convencido.
-Ya lo creo-dijo, alcanzándome el mate.
-¿Entonces?
-El límite cansa.
-Claro… Hay que ir más alla.
-Pero siempre desde la humildad. El orgullo del erudito es como un condenado en su celda, orgulloso porque su celda es más grande.
-Entiendo, humilde es menos límite.
-Exactamente.
-Entonces, el carácter no necesita cambiar.
-El amor lo cambia todo. Con amor, hasta uno mismo puede cambiar, que es lo más difícil.
Le alcancé el mate, con una sonrisa.

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