martes, 24 de abril de 2012

¡Todos a sus puestos!

Y aunque lo lindo a veces dura poco, y no encontremos razón, tenemos que agarrar fuerza, abrazarnos a nuestras convicciones y decir "¡Todos a la línea de fuego!"
Porque la melancolía vuelve siempre, y siempre es cuando menos lo esperamos... Nos angustia y nos llena de preocupaciones, haciendo que nos olvidemos que la clave está en ocuparse. Aprovechemos esos días raros donde no nos duelen algunas cosas y volvamos a remar, a soñar, a creer, a confiar, a amar... ¡Y a apostar por la vida, dejando que la pena cante a oídos sordos!
Después de tantas cosas malas, llega un momento en que todos nos hacemos esa pregunta. ¿Para qué seguir? ¿Qué me motiva  a mí a seguir este camino? ¿Cuál es el sentido en seguir peleando por esto? Y también sucede que a veces son los de afuera los que nos cuestionan todo esto.
Todos en algún momento caemos en la cuenta de que solamente se trata de caminar, pero no por eso significa que es todo rutina. Sino que se trata de descubrir la maravilla de hacer el camino, de ir ensayando sobre la marcha las cosas para formarnos, recorriendo ese extraño camino que, afortunadamente, no está marcado, y que nos lleva y nos trae en esta vida por diversas situaciones.
En ese extraño limbo en que nos movemos, en ese mambo tan difícil de llevar a veces, es cuando nos encontramos con gente que nos acompaña en el camino, que nos dá la posibilidad de compartir y abrazar la vida de una forma diferente. Y así vamos compartiendo la vida, y se van encendiendo los corazones.
Pero tenemos que saber que estamos aquí para dejar una señal, para jugarnos toda la vida por ese sueño que elegimos, y que hoy tenemos la libertad para poder caminar y desangrarnos para lograr esa felicidad.
Que al final, ese objetivo nos va llenar el alma y nos va a mostrar que no todo estaba perdido, que siempre hay que seguir, que somos militantes de la vida y que no vamos a dejar que nos aplasten, que nos roben los colores, la alegría, los recuerdos, los anhelos, la gente y nuestra canción, que es la que viene de nuestra alma y la que oficia de herramienta, de idea, de idioma, de arma y de identidad...
Y cuando se enciende un corazón con ese fuego del alma, tenemos esa claridad preciosa que nos hace ver que todo tiene un sentido, aunque no lo comprendamos, aunque no lo podamos explicar, y que todo eso nos llena de alegría y nos permite comprender que, el tiempo, al final, nos hace diferenciar lo que valió de lo que no valió la pena...

No hay comentarios:

Publicar un comentario