jueves, 10 de mayo de 2012

El charco

-¿Y a voçé qué le anda pasando?
-Una pelotudez grande como una casa, que implicó pelearme con mis viejos. Igual ya se les pasa… Pero queda ahí, y la próxima vez que aparezca va a ser peor...
-Te entiendo
-Ese es mi drama. Vivo pensando en lo que va a pasar "a continuación"
-Ahh… Si si, suele pasar… Cuando las cosas no se solucionan de raíz después vuelve… A mi también me pasa…
-Qué se yo.
-Pero bueno, será problema de cuando aparezca, si ahora se les esta pasando habrá que seguir así y disfrutar de ese momento… Cuando vuelva se vera… digo, no se...
-¿Ves? Tenes razón. Lo q pasa es q yo soy un pelotudo.
-No no, es totalmente realista lo que pensás, y lógico que te moleste, porque los parches no duran mucho, ¿viste? Pero hay que tener ganas también de meterse en el lío de arreglar las cosas desde abajo… Es todo un tema…
-Mas cuando las cosas abajo ya no están bien de hace muuucho rato
-Y sí… se complica…

Caro es maravillosa. Le puedo contar lo que quiera, que se que tendrá el mayor cuidado y el mayor respeto posible. Nuestra historia quedará para otro relato. Ella sostiene que tengo que aprovechar más mis capacidades analíticas. Yo sostengo que ella va a ser una genial psicóloga.
Quizá por eso no tengo problemas en contarle cosas, y ahora pienso en que quizá por eso ella tampoco tiene problemas en contarme a mí. Es bueno tener gente a la cual confiarle cosas, porque si no se acumulan en el fondo, y cuando aparecen uno no quiere estar cerca de nadie.
La memoria es como un gran pozo, sobre el que cae el agua. Al principio es un charco, y al pasar la vida se vuelve un gigantesco lago.
En la superficie, todo parece estar quieto. Cada tanto podemos acercarnos a ver nuestro reflejo en el lago, y apreciamos toda esa quietud. Puede que cada tanto un pensamiento o un impulso haga sacudir un poco la calma, pero es raro.
Pero en lo más profundo, por debajo, justo en el fondo, es posible que haya algo acechando. Algo que ocurrió mucho tiempo atrás, algo que ahora está podrido y hediondo y que contrasta con la superficie quieta del charco.
A veces una burbuja se eleva, desde el fondo, y explota alterando la calma. Esa burbuja lleva el olor hediondo de ese algo podrido, y cuando sucede algo así, no quiere uno que otra persona este demasiado cerca, por si acaso lo huele también.

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