sábado, 19 de mayo de 2012

La muerte II

Era el perro más flaco que había visto en toda mi vida, apenas si podía sostenerse en sus patas traseras. Parecía golpeado, mas el asunto es que estaba enfermo. Lo vi a lo lejos y de sólo mirarlo supe que era.
Me clavo los ojos, y yo lo miré. A medida que me alejaba, miraba hacia atrás: seguía con los ojos clavados en mí.

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