viernes, 15 de junio de 2012

Co-incidencia V


Si los canallas no hubieran escapado, si el dueño del bar los hubiera descubierto, si la moza no hubiera gritado tarde, si no hubiera existido el plan b, si hubieran pagado, la historia sería distinta. Se salieron con la suya, claro está. Pero por poco no.
Joaquín y el viejo Bob salieron disparados del bar y corrieron por la callejuela como ratones perseguidos. No los vieron más.
-Necesitamos más whisky.
-Einstein decía que la locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados distintos.
-Vale, busquemos ron entonces.
Reía Joaquín mientras Bob buscaba otro cigarrillo, y descubrió que no tenía fuego. La calle estaba desierta, y hacia adelante sólo se veía gris. En la vereda del frente venía un muchacho de pelo largo que fumaba tranquilo.
-Disculpe, ¿me puede dar fuego?
Juampi no lo podía creer. No sólo le dio fuego, sino que hubiera sido capaz de regalarle el atado entero de cigarrillos.
-¿Esto es una joda, no?
-Creemos que es un sueño, pero no nos quejamos-le dijo Joaquín.
-¿Qué hacen por acá?
-No sabemos, acá estamos. Vamos a buscar otro bar-le contestó el viejo mientras le alcanzaba el encendedor.
Esa noche se fueron a un bar, a filosofar. Parece que fue la noche más larga de todas, para los tres.
A mi me lo contaron, yo ya me había ido del primer bar porque era hora de despertarse.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada