domingo, 17 de junio de 2012

Co-incidencia VII


Emi salió de su casa a la misma hora en que Rifkin salía del almacén de la esquina siguiente. Yo me iba a otro lugar, bastante lejos, pero eso no es relevante.
Tras caminar largo rato, empezó a llover, y como los dos empezaron a correr sin mirar, los dos se chocaron. Las carpetas de Rifkin y la mochila que llevaba Emi se cayeron.
-Disculpe, lo siento mucho.
-No, disculpame a mí. No ví que venías y…
Emi lo reconoció, porque una de las cosas para las que sirvo es para describir gente. Además, Rifkin es muy difícil de confundir. Se refugiaron bajo un árbol cercano y comprobaron que no se haya roto nada.
-Rifkin, un gusto-dijo a través de sus enormes gafas.
-Hola, me llamo Emiliano. Tenemos un amigo en común.
-¿Quién vendría a ser?
-Lucas.
-Lucas… Lucas… Sí, el chico del libro robado.
-¿Robado?
-Sí, me alcanzó un libro que escribió el y está lleno de citas y personajes e historias que no son de él. Son “prestadas”.
-Típico de el.
-Igual yo le expliqué que también soy robado… A una película, más precisamente.
-¿A una película? Qué loco, ¿no?
-A veces creo que todos estamos locos. Me parece que vamos a despertar a la razón cuando estemos en un chaleco de fuerza.
-Puede que tenga razón.
-Por esas casualidades, ¿sabés como llegar a la terminal? Tengo que salir urgentemente de esta ciudad.
-Sí. Le explico… O mejor, lo acompaño.
Automáticamente dejó de llover. En el camino, a pocas cuadras de llegar, otra vez comenzó a llover, y Emi se encontró con Ariel, quién venía apurado. Rifkin le agradeció a Emi y lo dejó con Ariel. Si Rifkin no hubiera chocado con Emi, Emi no hubiera caminado a la terminal, y no se hubiera encontrado con Ari.
Si Emi no hubiera chocado con Rifkin, Rifkin nunca hubiera llegado a la terminal. Aunque nunca sabremos si realmente llegó a la terminal, porque él pertenecía a una película.

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